Porque La Impertinencia Es Un Problema En Nuestros Hijos

Porque La Impertinencia Es Un Problema En Nuestros Hijos

Mi hijo Knox, de 4 años, está siendo disciplinado mucho últimamente por discutir con adultos. De alguna manera, él no se da cuenta de que tiene 4 años. Y que no tiene problema corrigiendo a alguien de 30 años mayor que él. Yo le digo:

“Dame ese trapo”.

Y él responde: “No es un trapo”. Es una toallita “.

Como padres, instintivamente nos irritamos ante una respuesta como esa. Pero después de la irritación inicial, a veces puede ser difícil saber qué tiene de malo. Después de todo, él tiene razón. Es una toallita.

Hay una palabra que en su mayoría ha pasado de moda, pero solía usarse mucho para corregir a los niños. La palabra es impertinente. La respuesta de Knox es impertinente porque “no muestra el debido respeto”. También es impertinente porque la palabra no le causó confusión, y lo que yo llamo el trapo es irrelevante. ¿Pero es correcto disciplinar a un niño por corregirte? Puede ser difícil saber cuándo un niño es precoz y cuándo son impertinentes o francamente contestónes.

Lo mismo sucede cuando mi primogénito comienza a dar su opinión donde no se quiere. Tal vez mi esposo y yo estamos discutiendo planes complicados para el fin de semana y nuestro hijo escucha y nos dice lo que piensa. Es tentador recurrir al clásico “cuando quiera tu opinión, te la pediré”. Pero en serio, ¿lo corregimos? ¿O le damos la oportunidad de opinar?

Debido a que he vivido durante períodos cortos en varios países extranjeros, he aprendido mucho sobre la forma en que otras culturas respetan a sus mayores. Mis amigos filipinos se tocan la parte posterior de la mano de cualquier persona mayor como saludo (y les enseñaron a nuestros hijos a hacer lo mismo). Mis amigos de Zambia y Sudáfrica usaron términos especiales de respeto para dirigirse a las personas mayores, e hicieron una reverencia a modo de saludo. Mi amigo nigeriano se acerca a su padre de rodillas. Estas reglas están entrelazadas en sus familias y culturas y comunican un nivel de respeto por la autoridad que es completamente ajeno a nosotros. En su mayor parte, nuestra cultura ha descartado cualquier término de respeto.

Soy completamente estadounidense y aprecio la forma en que los Estados Unidos ha anulado muchas de las reglas y distinciones entre clases. Me alegro de que sea un crimen mantener a una esclava doméstica o retener los salarios de una criada o una niñera. Pero estoy preocupado cuando escucho a los niños hablar a los adultos como a sus iguales, o cuando no se muestra cortesía a los mayores.

Ayer estaba leyendo en Levítico y me encontré con este mandato:

“Te levantarás delante de la cabeza canosa y honrarás la cara de un anciano, y temerás a tu Dios: yo soy el SEÑOR”. Levítico 19:32

Cuando pensamos en las palabras “Señor” o “Señora”, pensamos en la etiqueta y las reglas y estas reglas de etiqueta varían de un lugar a otro. Pero la etiqueta es más que un conjunto de reglas para mostrar quién es bien educado y quién no sabe mejor. Estas reglas son establecidas por una cultura para mostrar consideración por otra persona (aunque es cierto que la regla en sí misma puede perder su propósito a lo largo del tiempo).

Mi esposo es de una familia militar, por lo tanton, ha entrenado a nuestros hijos decir “sí, señor” o “sí, señora”. Ésta es solo una entre muchas formas en que los padres pueden tratar de infundir respeto en sus hijos. Estamos tratando de enseñarles deferencia por aquellos que son más grandes y más sabios. Es una forma para que los niños reconozcan que son niños y necios e inexpertos. También es una protección, guardar un niño de hablar con un adulto como su igual. Le impide ser demasiado familiar en su tono o impertinente en sus comentarios.

O al menos, eso es lo que debe hacer. No siempre funciona de esa manera, ¿verdad? Mis hijos todavía son pequeños profesionales en hablar irrespetuosamente y a veces incluso tienen la audacia de agregar una “señora” al final.

Una vez tuve un profesor de secundaria que no era respetable. Él no podía enseñar con el valor de un puñado de centavos No podía manejar el desafío más pequeño en el aula. Y, sin embargo, tuvimos que hablar con él todos los días con respeto y deferencia. A veces estamos obligados respetar a alguien que no es respetable, que no se basa en sus propios méritos, sino porque Dios lo requiere de nosotros. Y es por eso que entrenamos a nuestros hijos para que nos respeten a nosotros y a los demás, independientemente de si lo merecemos en cualquier momento dado. Como dice mi cita favorita de Band of Brothers,

“Saludamos al rango, no al hombre”.

Los títulos de respeto no son una prueba de fuego. Muchos niños saben cómo decir “señor” o “señora” pero aún no muestran deferencia a los adultos. Se insertan en las conversaciones de adultos, corrigen a los adultos, ofrecen su propia opinión en circunstancias en las que no es apropiado. Y cuanto más maduro, inteligente o bien educado parece ser un niño, más estos hábitos tienden a asomar su cabeza.

Tengo que entrenar a mis hijos para que no nos traten a mí ni a otros adultos como iguales. En el sentido eterno, son mi igual. Ellos son hijos de Dios, con una herencia de salvación. Ambos nos presentaremos ante Dios, y cuando llegue ese momento, seremos hermanos y no madre e hijos. Pero por ahora, Dios me ha puesto en autoridad sobre ellos. Y es mi responsabilidad mostrarles esa autoridad para que puedan respetar a otras autoridades a su vez.

Sintonícense la próxima semana para la parte 2, donde discutiremos cómo reconocer estos malos hábitos y estrategias para infundir respeto.

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Michal Crum is wife to Ben and mother to Daniel (11), Zion (9), Knox (4), Clementine (3), and baby Clara. She drinks too much coffee, bites her lip, and has attained expert status at skipping entire pages (undetected, of course) while reading aloud to her little ones. Follow her at facebook.com/michalthegirl

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